Definición de trastorno


La palabra trastorno proviene del latín, combinando “trans” y “tornare“, cuya unión sugiere cambios que invierten un orden natural. En la actualidad, es un término vinculado íntimamente con alteraciones patológicas del organismo o la mente.

De este modo, el denominado trastorno psicológico viene a sustituir al clásico “enfermedad mental” usado anteriormente. En cualquier caso, hace referencia a alteraciones mentales que impiden al individuo desenvolverse normalmente en su medio social. Pueden estar causadas por factores externos o internos. Cada individuo se constituye en caso único en el que distintos elementos se combinan de forma especial.

Los factores externos pueden asociarse a virus, infecciones o enfermedades adquiridas, cuyas alteraciones pueden incidir en ese estado. También, elementos de influencia o presión social, como las modas o exigencias del entorno. Por su parte, los factores considerados internos suelen ser de carácter hereditario y predisponen a determinadas alteraciones personales.

Representación de un trastorno bipolar.

Representación de un trastorno bipolar. Fuente: Pixabay

Evidentemente, las alteraciones mentales se manifiestan a través de síntomas muy diferentes, considerados de menor o mayor gravedad. Entre los más comunes, que revisten menor gravedad, resultando más fáciles de tratar, encontramos episodios de ansiedad o ira. Más problemáticos y difíciles de erradicar resultan las alteraciones profundas como las esquizofrenias o las paranoias.

En cuanto a trastornos psicológicos podemos distinguir dos categorías. Encontramos los psicóticos, con alteraciones afectivas graves en las relaciones personales, alucinaciones y delirios diversos. Quizás la manifestación más significativa sea la esquizofrenia. Por su parte, las alteraciones de carácter neurótico en las que el paciente tiene juicio y percepción correctos sobre la realidad. Sin embargo, cuestiones como ansiedad, fobias diversas y obsesiones condicionan sus relaciones sociales.

Los trastornos de la conducta alimentaria

Por otra parte, en la sociedad occidental han arraigado con fuerza las alteraciones mentales relacionadas con la alimentación. Éstas, reflejan en la conducta del individuo ante la misma otro tipo de problemas. Así, prevalece una distorsión personal de la imagen corporal propia. Manifestaciones de estas alteraciones mentales relacionadas con la alimentación son problemas como la bulimia, anorexia, vigorexia o megarexia.

El afectado por bulimia sufre gran voracidad que compensa con ayunos, vómitos o laxantes. Factores biológicos y sociales se conjugan con excesiva preocupación por la imagen y culpabilidad ante falta de control. Mientras tanto, la anorexia nerviosa se caracteriza por elevada pérdida de peso causada por dietas restrictivas y otros métodos. La alteración de la imagen, conduce a que el afectado sobreestime su tamaño corporal.

Respecto a la vigorexia, se caracteriza por obsesiva preocupación por el físico que conduce a extrema actividad deportiva. Aún peor es que acarrea ingesta compulsiva de proteínas y esteroides para aumentar la masa muscular. En el otro extremo, la megarexia es alteración propia de obesos que perciben erróneamente su estado. Así, aumentan su problema con ingestas desmedidas de “comida basura”.

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