Definición de suspicaz


Según el diccionario de la RAE, una persona suspicaz es «propensa a concebir sospechas o a tener desconfianza». El término proviene del verbo latino suspicere, sospechar, y se aplica a personas que parecen intentar ver el reverso de cada situación.

La suspicacia puede ser una buena compañera de viaje. Podría afirmarse que existen dos tipos fundamentales: la previsora y la negativa. En el primer caso sería, según la situación, casi aconsejable estar alerta ante un repentino cambio en una persona o situación.

Expresión de sospecha, suspicaz.

Expresión de sospecha, suspicaz. Fuente: wordpress

En el segundo caso estaríamos ante un problema. Sospechar de todo y de todos no es positivo y puede terminar minando la moral de cualquiera. Igualmente, el equilibrio mental y personal quedan en entredicho al tener este tipo de actitud ante la vida.

En esta última circunstancia es conveniente recordar que la suspicacia puede ser el primer síntoma de una enfermedad mental. Los trastornos de la personalidad suelen conllevar el tener esta actitud y el no percibir la realidad tal y como es.

Ser suspicaz y sus consecuencias

Como venimos comentando, ser suspicaz por algo en concreto es normal, serlo siempre no lo es. La suspicacia constante proviene del miedo de la persona. En muchas ocasiones estas personas sospechan de alguien por un gesto o por su imagen.

Lo que ellos denominan «saber en quién puedo confiar» es un síntoma que puede esconder dolencias arriba descritas. Otro síntoma que suelen presentar es el de la frialdad emocional. Ocurra lo que ocurra no dejan que nadie lo sepa para evitar «ser descubiertos».

Esta sospecha perenne conlleva que se les pague con su propia medicina y que nadie confíe en ellos. Estas personas difícilmente van a tener un círculo amplio de amistades o van a ser llamados para hacer una actividad en común.

Es lógico pensar que algunas personas que han sufrido situaciones como estafas y similares sean suspicaces. Tras ese golpe lo idóneo es que se recuperen del mismo y que solo desconfíen de los que pudieran hacerle daño pero no de todo el mundo.

Consejos para dejar de ser suspicaz

Es importante tener en cuenta lo antedicho para encontrar siempre el equilibrio. No por sospechar de todos se va a evitar un problema y no por no hacerlo lograremos lo contrario. Cada situación necesita una reacción determinada.

En la vida íntima, por ejemplo, es más que importante no caer en este error que puede llevar a destrozar una relación. De nuevo se aplica lo anterior, si hay motivos es lógico sospechar, si no los hay mejor vivir la vida felizmente.

Los profesionales de la psicología y la psiquiatría casi aconsejan no usar la suspicacia en ningún momento. De esta forma será más fácil cometer un «error» y sufrir algún tipo de desengaño.

De los errores se aprende y solo así se podrá dosificar mejor esta característica de la personalidad que venimos glosando. Sospechar solo si hay motivos, de no haberlos es más positivo disfrutar del momento y de la relación con esa persona.

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