Definición de hepatitis


La hepatitis es una enfermedad que causa la inflamación de los tejidos del hígado. Su origen puede ser infeccioso, tóxico o inmunitario y, en algunos casos, de transmisión sexual. Existen 7 tipos diferentes, aunque 3 (A, B y C) son los más habituales con mucha diferencia. Puede remitir espontáneamente o derivar en cirrosis, cáncer de hígado o fibrosis.

La inflamación del hígado puede ser ocasionada por muchos factores. Los virus, parásitos y bacterias son los más habituales, pero también son muy frecuentes los de tipo inmune. Los traumatismos, la falta de irrigación sanguínea normal de los tejidos, el alcohol y la fibrosis quística también son causas probables.

El diagnóstico se lleva a cabo a partir de una analítica sanguínea. En ella se observan los niveles séricos de las transaminasas. Si estos oscilan entre valores comprendidos entre 300 y 1000, los resultados son positivos. Estos son producidos por la ruptura de los hepatocitos del tejido hepático. También es frecuente un incremento notable de la bilirrubina total.

El valor de las transaminasas da una idea aproximada del alcance de la enfermedad y del grado de necrosis hepática. Además, también dan fe del estado en el que se llevan a cabo las funciones hepáticas. Finalmente, el especialista debe hacer un estudio de la historia clínica del paciente y analizar la ingesta de fármacos.

Tipos de hepatitis

Las hepatitis de tipo A y E se transmite, generalmente, a través de agua contaminada. Por ello, son comúnmente asociadas a virus de carácter fecal-oral. La higiene es vital como medida de prevención para evitar su propagación, según la OMS.

Virus de la hepatitis B.

Virus de la hepatitis B. Fuente: Pixabay

Las de tipo B y D se consideran de vía parenteral puesto que se transmiten por heridas, transfusiones y jeringas contaminadas. También se propagan por contacto sexual ya que están presentes en el semen y la saliva. Generalmente, es necesaria una relación sexual traumática con heridas para que se produzca.

La de tipo C es una caso especial. Se considera, al igual que la B y la D, de vía parenteral, pero su transmisión sexual es muy improbable. Esto se debe a que la cantidad de virus en la sangre de los afectados es muy baja. Las posibilidades crecen cuando se llevan a cabo prácticas sexuales anales.

Las de tipo F y G son muy raras y se sabe de ellas desde hace muy poco tiempo. Se cree que son las que se manifiestan en personas que la contraen por el uso de drogas endovenosas, aunque no hay certeza clínica. Se asocia también con problemas de coagulación.

Tratamiento

El tratamiento para la hepatitis suele ser únicamente sintomático. Sin embargo, en casos graves, también ataca a la causa subyacente. En estos casos, a las medidas de hidratación y soporte, se añaden antivirales como el interferón y la ribarivina. También hay inhibidores de proteasa y polimerasa muy efectivos, aunque solo en los casos de tipo C.

La N-acetilcisteína es otro medicamento muy útil para combatir la enfermedad aunque está restringido a los tipos de origen tóxico. De hecho, es el fármaco ideal para los casos en que se debe a intoxicaciones por paracetamol.

Esta enfermedad puede tornarse crónica con el paso del tiempo y acarrear insuficiencias hepáticas. En este supuesto, el tratamiento va enfocado a tratar las complicaciones secundarias. Estas suelen ser ascitis, hemorragias digestivas e infecciones.

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