Definición de falacia


Se entiende por falacia, según el diccionario de la RAE, el «engaño, fraude o mentira con que se intenta dañar a alguien» o el «hábito de emplear falsedades en daño ajeno». Se diferencia de la mentira porque esta actitud termina provocando daños a un tercero.

La palabra también tiene una acepción filosófica refieriéndose a una manera falsa de argumentar. A pesar de partir de una idea principal, se llega a una conclusión falsa pero que parece verdadera. La asociación de ideas, como veremos en el siguiente ejemplo, conlleva que la falacia logre engañar a cualquier persona.

Por ejemplo, si alguien afirma que tiene sed y tiene delante una bebida concluimos que se la va a beber. No pensamos que quizás a esa persona no le gusta esa bebida o bien no puede tomarla por otro motivo.

Al asociar ideas que no están conectadas, aunque lo parezca, llegamos a conclusiones erróneas. Lo mismo sucede en el campo de la lógica que tiene su propia clasificación para determinar el funcionamiento interno de estos planteamientos.

Tipos de falacia

Pinocho, representación de la mentira o falacia.

Pinocho, representación de la mentira o falacia. Fuente: Pixabay

La lógica. Una persona intenta defender un argumento erróneo pero lo hace de tal forma que parece ser verdadero. La no formal intenta convencer al oyente usando premisas no correctas o relacionadas con el argumento.

Sobre el hombre, cuando se desacredita a la persona que defiende ese argumento. Sobre el poder, el poderoso afirma algo y al tener el poder sobre la otra persona ésta obedece. Sobre la autoridad, esa autoridad o costumbre es la que certifica esa actitud aunque no sea correcta.

Sobre las emociones, alguien dice algo apelando a los sentimientos para justificar su argumento.

Sobre la ignorancia, nadie puede criticar el argumento al no tener la información necesaria para hacerlo. Sobre la causa falsa, en dos situaciones la primera es la causa y la segunda es el efecto aunque no siempre sea así.

Las formales suelen parecerse a planteamientos reales pero sin serlo. Por ejemplo, «si está soleado cojo las gafas de sol» no significa que cada vez que coja ese objeto vaya a estar soleado. En este tipo de planteamientos siempre prevalece la consecuencia pero no el motivo real (por ejemplo, cojo las gafas porque las llevo a la óptica a arreglar).

Argumentos falaces

Aparte del último mencionado, clasificado como afirmación del consecuente, añadimos los siguientes. Negación del antecedente, negando el primer planteamiento también se niega el segundo. «Si hace sol, cojo las gafas de sol», «Como no hace sol, no las cojo».

El silogismo disyuntivo es también interesante. Ante una disyuntiva se escoge una de las opciones negando la validez de la otra. «¿Te gusta más la carne o el pescado? La carne. Entonces no te gusta el pescado».

En este tipo de argumentación se pueden observar las distintas acepciones de la palabra que venimos describiendo. Como verá, parece fácil pensar de forma falaz e incluso hacer creer ciertos aspectos a cualquier persona alegando «sentido común» y planteamientos similares.

Lo importante es pensar no como parece que hay que hacerlo sino de forma lógica. Solo así se podrá evitar ser víctima de este tipo de situaciones que buscan, exclusivamente, el engaño para defender lo indefendible.

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